A todos nos han pasado cosas extrañas cuando estábamos de fiesta. A
cualquier persona que haya salido de fiesta, aunque sea solo un día, aunque
solo sea en la boda de su prima la del pueblo, le ha pasado algo extraño. Es una
de las cosas que más me gusta de salir de fiesta, o simplemente salir a tomar
unas copas tranquilamente. Lo más divertido y a la vez curioso de todo ello es
que esa gente tan extraña en muchos casos no está ni mucho menos borracha,
simplemente son así. Esa gente tan extraña que pasarán a formar parte de una
historia que contar a tus amigos y recordar entre sonrisas o carcajadas,
depende de la ocasión.
En esta ocasión se juntaron dos elementos corrientes, religión y
fiesta, que por separado son completamente normales, pero juntos forman una
combinación algo explosiva. Sí, como un bocadillo de chorizo con nocilla, o
café y sándwich mixto.
Probablemente esta no sea la anécdota más extraña que habéis oído, de
hecho yo misma tengo anécdotas peores y más extrañas, pero es una que merece la
pena contar.Al fin y al cabo, ¿cuántas veces en la vida te entra un tío
hablándote de una escena bíblica? Espero, queridos veteranos de la vida, que no
sean muchas, porque no creo que mi capacidad para no reírme en la cara de
alguien aguante tanto.
¿Conocéis la historia del sueño de Jacob? Esa en la que el personaje
del Antiguo Testamento se echa la siesta en un paraje cualquiera de las tierras
antiguas y entonces, casualidades de la vida, aparece una escalera del cielo a
la tierra, por la que bajan los ángeles, emisarios de Dios.
Pues sí, con esa historia en concreto trataron de ligar, yo tampoco me
lo creía. Suerte que segundos después trató de arreglarlo diciendo que había no sé qué cuadro en el Museo del Prado
que lo narraba. El muchacho en cuestión
no tenía su día, eso estaba claro, quizá era porque llevaba todo el día
trabajando y la cabeza no le daba más, quizá porque eran las dos de la mañana y
estaba intentando ligar con una chica que podía ser su hija o nieta, si me apuras. Trató de
arreglarlo, pero claro, con una persona que la época del Un dos tres ya le pilló mayorcito, mientras que una servidora
todavía andaba en pañales… ni una escena bíblica le consigue el ligue.
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