Pequeña
V. se despierta y salta en la cuna hasta que Pijiprofe acude y la ve bailando
moviendo un dedo arriba y abajo.
“Con mi dedito digo
‘sí, sí’, con mi dedito digo ‘no, no’, digo digo ‘sí, sí’, digo digo ‘no, no’ y
este dedito se escondió”.
11:32
AM
Abuela
M. da el yogur a pequeña V. ella se revuelve, protesta y escupe todo aquello
que logra entrar en su boca. Si yo digo
que no como es que no como, hombre, ya. Hasta que abuela M. decide que hay
que recurrir a los hipnotizadores:
“En un vagón
cargado de sandías, el buen Ramón perdió una zapatilla, ¿qué hacía el buen
Ramón adentro del vagón? ¿Qué hacía la sandía sobre la zapatilla?”
01:58
PM
Hora
de la comida, Madrina Amateur (oseasé, yo) intenta darle la comida a la
princesa. Se repite el ciclo de protestas del yogur y nada ni nadie conseguirá
que el puré entre en la boca de esa niña princesa que comienza a parecer un gremlin. Claro, a menos
que ella tenga algún espectáculo con el que entretenerse.
Apenas
dos minutos después se ha formado todo un espectáculo digno de Los payasos de la tele: Madrina Amateur,
cuchara rebosante de puré en mano, canta canciones infantiles mientras inventa
y organiza coreografías lo más vistosas posibles.
“Yo tengo un
caballo verde que hace piruetas, se sabe lavar los dientes, va en bicicleta,
tiene un callo en la barriga, de estar echado(oooo)… ¡Y cuando lo llevo al río
se mete en el agua y sale colorado!
5:28
PM
Madrina
Amateur en la universidad, en una práctica en la que tiene que hacer un trabajo
con unos compañeros que, por supuesto, no conoce de nada. Ni el tema ni la
compañía acompañan y parece ser que su cerebro desconecta porque empieza a
cantar:
“El ciempiés es un
bicho muy raro, parece que fueran cien bichos atados, yo lo miro y me acuerdo
de un tren, le cuento las patas y llego hasta cien…”
07:40
PM
Abuela
M. en el supermercado, intentando recordar lo que ponía en una lista que ha
olvidado en casa. Arroz, leche, una tapa… ¿qué tapa? La tapa del microondas,
cierto…
“La brujita Tapita,
vivía en un tapón, que no tenía puerta ni ventana ni balcón…”
Día
siguiente, 03:50 AM
Á.
alias el Abuelo, con sus compañeros de trabajo tomando café, distraído, aún con
las legañas colgando, cuando su boca se mueve y habla por él:
“Ladrillo a
ladrillo, construyo un castillo, tan alto, tan alto, que llegue hasta el sol…”
Los
compañeros de Á. le miran extrañados, preguntándose si es que le habrá llegado ya
la demencia senil. Él, como el resto de la familia, solo puede maldecir:
Malditos, malditos Cantajuegos.

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