sábado, 26 de enero de 2013

Mi periplo como lectora empedernida.



No recuerdo cuál fue el primer libro que cayó en mis manos, seguramente alguno lleno de dibujos que me regaló mi padre, o alguno que mi hermana conservara de cuando era pequeña. Sin embargo me acuerdo perfectamente del primer libro que comencé a disfrutar como lectora, el que me hizo convertirme en una lectora empedernida.

Por aquel entonces yo tenía siete años y había caído en clase con la tutora más peculiar de todo el colegio, una de las más mayores y la que fue la favorita de mi hermana. Con el tiempo también fue mi favorita, gracias en parte a esta historia. No recuerdo cómo empezó la conversación, probablemente a la salida de clase me quedara hablando con la tutora, comentando que mi hermana hablaba mucho de ella, o que me encantaba dibujar grecas, o que las mates molaban. El caso es que en esa charla ella, Olvido, nombre que nunca olvidaré (perdón por el chiste fácil) me recomendó que me leyera Harry Potter y la piedra filosofal, que a ella le encantaba. Yo, pequeña correveidile que era, no tardé en salir corriendo y soltarle a mi madre que quería ese libro, lo quería, lo quería y lo quería ya. Tanto insistí que, pese a no haber leído ningún libro mayor de treinta páginas hasta el momento, a finales de octubre tenía ya la joya en mi poder. Quedaban pocos días para el estreno de la película, que también quería ver, así que me apresuré a leer cuanto pude y, para asombro de mis padres, familia y profesores, me leí el libro completo en cuatro días, justo a tiempo para ir a ver el estreno con el libro leído.

Ese fue el principio de una gran amistad entre los libros y yo, aunque también con el pequeño Harry, historia que dura, dura y dura y aún no ha acabado, sigue siendo mi pequeña joya. Después de ese libro vino otro ¿Que hay más libros de Harry Potter? ¡Prima, déjamelos, los quiero! Y otro y otros dos más hasta que acabé con lo que había publicado de la saga hasta el momento, pero quería leer más. No recuerdo los títulos de los libros que fueron, ni los autores, sólo sé que fueron muchos, entre ellos la Colección Barco de Vapor, Kika Superbruja y Manolito Gafotas. Me había convertido en una lectora empedernida.

Lo sigo siendo, en cierta medida, ya que ahora nunca tengo el tiempo ni la vista suficiente para leer todo lo que quiero, pero los libros siempre están ahí, al igual que lo han estado desde hace doce años. Puedo asegurar sin ningún género de duda que si no hubiera leído ese libro no sería tal y como soy ahora, no estudiaría lo que estudio, no tendría los mismos gustos y ni mucho menos los mismos amigos. Porque, para que lo sepan los que piensan que leer es aburrido, a todos mis mejores amigos los he conocido gracias a los libros. A todos. Y no sabéis cuánto me alegro de ello.

Esta es la breve historia de cómo me convertí en una devoralibros, inspirada por la propuesta de mi querido Víctor en su blog ElAlma del libro. ¿Os animáis a contar la vuestra?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!