Amor, rezumo amor y orgullo, tanto que estoy a punto de embotellarlo y
venderlo a 10€ el litro. ¿Queréis?
La pequeña V. me llama
Sí, sí, tal y como leéis, la princesa de un añito ya llama a madrina
amateur. ¿Entendéis que rebose amor?
Pequeña V. me llama, me llama tata,
que mola mucho más, y me llama a todas horas. Vale, que contando con que su
vocabulario es relativamente reducido [mamma
(cuando llora) papa (cuando ríe), guagua (el perro), guaguá (agua) y titáh
(reloj, que no lo pilláis)*]… pues tampoco es que sea un gran logro. O quizá
sea un gran logro precisamente por eso.
Con tan solo un año va gritando “tata,
tata, ta, ta, ta….” Por todas partes. Pero no es que lo grite porque sí,
porque le apetece, porque ella lo vale. Sabe perfectamente que tata soy yo. ¿Qué cómo lo sé? Porque si
le preguntas dónde está la tata me mira, ¡me
mira a mí!
Y me llama. Sí, se asoma al mirador, desde donde tiene una perfecta
vista de mi escritorio, donde suele estar una servidora, enganchada a los
apuntes, y empieza a chillar “¡tata,
tata!” hasta que la oigo, la miro y ella se descojona.
¿Es motivo para rebosar amor o no es lo suficiente?
*Pijiprofe y la menda intentamos enseñarla a decir ‘patata’, aunque
tras dos o tres intentos consecutivos V. se cansa y opta por darnos un abrazo y
un beso, a ver si así nos callamos. [Y
sí, lo hacemos, pero es que es un as del chantaje]

No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Gracias por tu comentario!