Ella tiene mucho frío, sentada en la parada de un autobús que parece
que nunca va a llegar tirita, encoge las manos dentro de los bolsillos y trata
de calentarse la nariz tapándose con una bufanda que está helada. El frío la
deja adormilada, pensativa y algo atontada, el frío hace que se forme una fina
capa de hielo entre la realidad y ella. Mira al suelo sin ver nada, juega con
algo que tiene en uno de los bolsillos del abrigo sin ser muy consciente de
ello mientras piensa.
Piensa que hace mucho frío, que debería haberse traído el coche y así
evitar la espera del autobús, que al llegar a casa iba a prepararse un café
caliente y una ducha, o quizá un baño, de agua ardiendo. Piensa que es
demasiado de noche para la hora que es, que está harta de salir del trabajo de
noche, aunque no es que tuviera otra cosa mejor que hacer. Piensa que tiene
mucho frío.
Decide sacar el móvil y hacer una llamada para intentar acortar la
espera infernal del autobús que nunca llega. Decide llamarle a él, oír su voz
de nuevo, quizá también su risa, imaginar la sonrisa que esbozará cuando vea su
nombre en la pantalla del móvil y como se reflejará en su voz, intentar
conseguir una cita para el próximo fin de semana. El móvil tiembla en su mano y
tiene que marcar dos veces el número porque los dedos le fallan y no es hasta
el tercer intento que logra marcar el número correcto. Se le está quedando la
mano helada fuera del bolsillo, el teléfono suena, un pitido largo, hola, soy Ella, ¿qué tal estás? otro… cógelo,
por favor… un pitido más vamos,
cógelo... de nuevo otro pitido sin responder un tono más, vamos, responde... y un último pitido antes de la voz
automática del contestador.
Ella cuelga el teléfono y lo guarda en el bolsillo, con la decepción
grabada en el rostro. Tiene mucho frío, el autobús no llega.
Envalentonada por la necesidad de hacer algo que acorte la espera coge
de nuevo el móvil y busca su foto en la lista de conversaciones de WhatsApp. Los dedos vuelven a temblarle
y tiene las manos casi tan rojas como las mejillas.
Hola Él… Tienes una
llamada perdida mía, no te preocupes, no ha pasado nada, sólo me apetecía
hablar contigo
Envía el mensaje, hace poco más de diez minutos que no se ha conectado
a la aplicación.
Me preguntaba, ya sabes,
si te apetecería que nos volviéramos a ver
Nada más enviar el mensaje una gota de lluvia cae sobre la pantalla
del móvil. Hace frío, está comenzando a llover, el autobús no llega.
No hace falta que sea esta
semana, sé que estás muy liado, quizá la semana que viene… o cuando puedas
Duda, con los dedos cada vez más temblorosos, antes de enviar un nuevo
mensaje.
Me encantaría volver a
verte.
El corazón le late a un ritmo cercano al de un colibrí tras mandar el
mensaje y parece enloquecer del todo cuando se produce un cambio en la
pantalla:
En línea
Ella espera unos segundos, temblando de emoción y frío, enrojeciendo
por el aire golpeando su rostro o quizá por imaginar lo que pensaría Él al ver
los mensajes. Espera pacientemente unos segundos estará nervioso, no sabrá como contestar, y unos segundos más,
mientras piensa la respuesta. El corazón parece parársele cuando se produce un
nuevo cambio en la pantalla, aunque no el que ella espera.
Últ. vez hoy a las 19:28
Traga saliva, levanta la mirada a la carretera y el aire hace que los
ojos se le llenen de lágrimas, ya llega el autobús.
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