Recorrer el mundo en una vespa, parloteando frases sueltas en una
decena de idiomas, ganarte la vida con la mochila al hombro, haciendo de guía
en los mejores museos del mundo. Sin identificación, sin contrato, siendo un
alentador de cultura de contrabando.
Comer un crêpe sentado en un banco junto a los Campos Elíseos, morir
de frío contemplando la fachada del Reichstag en Berlín, robar un tulipán en
Ámsterdam y reír mirando al infinito apoyado en un dragón en Barcelona.
Sentarte en un parque a escuchar como un desconocido toca el violín en
algún lugar cercano, observar a un pintor callejero. Pasar las noches en un
garito oscuro rodeado de gente pintoresca mientras un hombre no tan borracho
como piensas recita una poesía en un escenario.
Aprender a tocar el piano, a perderle el miedo a lo desconocido, hacer
de alguien que te cruzas por la calle un amigo, vivir.
Vivir la vida bohemia, sin más ataduras que tus sueños, los que te
llevan de un lugar a otro descubriendo cosas que jamás lograste soñar. ¿Qué es,
un sueño? Quién sabe, quizá algún día logres hacerlo realidad.
