martes, 16 de abril de 2013

Me voy a dar a la vida bohemia.


Recorrer el mundo en una vespa, parloteando frases sueltas en una decena de idiomas, ganarte la vida con la mochila al hombro, haciendo de guía en los mejores museos del mundo. Sin identificación, sin contrato, siendo un alentador de cultura de contrabando.

Comer un crêpe sentado en un banco junto a los Campos Elíseos, morir de frío contemplando la fachada del Reichstag en Berlín, robar un tulipán en Ámsterdam y reír mirando al infinito apoyado en un dragón en Barcelona.
Sentarte en un parque a escuchar como un desconocido toca el violín en algún lugar cercano, observar a un pintor callejero. Pasar las noches en un garito oscuro rodeado de gente pintoresca mientras un hombre no tan borracho como piensas recita una poesía en un escenario.
Aprender a tocar el piano, a perderle el miedo a lo desconocido, hacer de alguien que te cruzas por la calle un amigo, vivir.

Vivir la vida bohemia, sin más ataduras que tus sueños, los que te llevan de un lugar a otro descubriendo cosas que jamás lograste soñar. ¿Qué es, un sueño? Quién sabe, quizá algún día logres hacerlo realidad.