Allá voy.
Agarraos fuerte a la silla
Os he avisado, no quiero problemas.
Aquí viene:
Las lentejas son el plato del amor por excelencia.
¿Seguís vivos?
Todo esto tiene una explicación, claro que sí, una explicación preciosa que narró Hesíodo muchos siglos atrás. Yo no llegué a ella hasta hace muy poco, aunque en mi interior siempre supe que las lentejas eran amor, amor del bueno.
Os haré un favor, voy a narraros la historia:
Sabéis que Eros, dios del Amor por excelencia, era hijo de Afrodita, diosa de la belleza femenina, no podía ser de otro modo. Entonces vosotros pensaréis que Afrodita fue quien le enseñó a Eros a preparar lentejas y él le lanzó una de sus flechas y blablablá, convirtió el plato en mor con tropezones.
No, siento desilusionaros pero Afrodita no tenía ni puñetera idea de hacer lentejas, ella era más de marisco, almejas y tal. La historia proviene de la adolescencia de Eros, que cuando estaba en la edad del pavo su madre andaba por ahí de concurso de belleza en concurso de belleza, provocando guerras de pretendientes y lo que no son pretendientes (¿Os suena la guerra de Troya? Pues fue todo culpa de un complot de Afrodita y su prima la del pueblo, Helena de Troya).
Entonces el pobre Eros estaba enfurruñado con su madre (y con razón) porque esta le hacía menos caso incluso que a su marido. Su marido, por si no lo sabéis, es Hefesto, un viejo así como no muy agraciado, cojo, bizco, miope y encima no tenía un trabajo con demasiado glamour, era herrero (y ya sabes, en casa de herrero... cuchara de palo). Bien, pues como Afrodita era una zorra y tenía al pobre marido y al hijo abandonaicos estos dos se juntaron, que si Hefes hazme una flecha que he visto por ahí a un dios rubio con un arpa y a una ninfa que me han caído mal, que si Eros anda dispárale a esa mulata que me pone cachondo... Cosas de familia, ya se sabe.
Entre martillazos y flechazos fue surgiendo el cariño y tal y se convirtieron casi en martillo y carne (de hecho una vez que Eros intentó probar qué era eso de la metalurgia y la fundición fue el martillo quien probó su carne). Pero bueno, no me voy a desviar, el caso es que en casa de Hefesto comían con cubiertos de palo y la comida preferida de Hefesto eran las alubias. Todos los días se comían alubias en casa de Hefesto (así daba gusto lo bien que se avivaba el fuego de la forja) y Eros después de pasar semanas enterad comiendo alubias dijo, '¡Voy a cocinar yo!' Y pensó en un plato que le pudiera gustar a su padrastro. Pensando y pensando se le ocurrió que la comida que más le tenía que gustar a Hefesto debía tener mucho, mucho hierro.
Y catapúm, inventó las lentejas! A Hefesto le encantaron, desde luego, y al ser la comida inventada por Eros, no cabe ninguna duda de lo que tenían que ser: Las lentejas se han convertido mundialmente en la comida de los enamorados.
Ya sabéis, queridos niños y niñas, quien de lentejas de alimenta, ¡mantiene la p.... el alma contenta!
Dedicado
a un acompañante anónimo.
