Pequeña, ¿qué te ocurre?
Estás diferente, ya no eres tan dulce, tan alegre, tan feliz, como eras antes, ya no me besas cada mañana para despertarme con tus labios, ya no me sorprendes con un abrazo mientras preparo la cena, ya no corres a mi lado cuando vamos a vernos y me saludas saltando a mis brazos.
Pequeña, ¿qué te pasa?
Ya no buscas mis labios, no sonríes cuando te acaricio, cuando te beso, me aparto y te miro, esperando a que abras los ojos, no veo en ellos la luz de siempre, ya no te tumbas sobre mí en el sillón, no me dejas mensajes secretos en el espejo del baño.
Pequeña, ¿qué ha pasado?
Los vientos me dicen que es la rutina, que tus labios se han hecho tanto a los míos que ya no saben a nada, que tus manos ya no sienten las mías, que tu cuerpo no desea el mío y tu corazón se ha acostumbrado al irregular latido del mío, que calla sólo por oírle latir.
Pequeña, ¿estás aquí?
Resulta que la rutina me ha hecho acostumbrarme a ti, si mis labios no saben a los tuyos dejan de percibir sabor, mis manos tiemblan si no tocan las tuyas y mi cuerpo se encoje, se pierde en la inmensidad de la nada sin el tuyo.
Pequeña, ¿has olvidado lo que fuimos?
Recuerda el color del cielo los días que me querías, el olor de la hierba fresca sobre la que rodábamos, construyendo espirales de risas y locura, el sabor de la brisa que mecía tus ropas aquellas interminables noches frente al mar en las que me contabas tus planes, tus deseos. Recuerda el tacto de todas esas sonrisas, de todas esas miradas, de todos esos sueños.
Pequeña, recuerda que te quiero.
¡Qué bonito! Ahora mismo no sé ponerte en un pedestal para adorarte o tirarte de él por la envidia.
ResponderEliminarEn realidad ahora te quiero un poco más. ^-^
Marta