Me voy de Erasmus. Me voy a Italia, a Roma. Me voy
diez meses a vivir a Roma.
Bien, todo esto yo lo tenía claro hace unas semanas.
También tenía claro que iba a tener que despedirme de mi familia. Lo que ni se
me había pasado por la cabeza es que mi familia iba a montarme una fiesta
sorpresa, a la romana.
Estaba yo tan contenta, pasando la mañana con los
tíos, primos, primos segundos, sobrino-nietos… lo que es una gran familia,
tranquilamente, limpiando la piscina, riéndome, presumiendo de sobrina… cuando
Pijiprofe me pide que le ayude a coger la bicicleta del garaje.
Con una caja en mano, me lleva hasta allí y buscamos
la bicicleta “No te va a caber en el coche, para qué la quieres en Madrid si no
montas, deberías venderla, que no la usas…” Hasta que me pone la caja en las
manos y empieza a hurgar dentro con esa cara suya que pone y que yo sé que
significa me estoy descojonando de ti
cosa fina. Tras una muy fingida exclamación de sorpresa sonríe y dice: “¡Mira lo que hay aquí! Un disfraz, pues ya
que está aquí te lo pones, ¿no?”
Tierra trágame.
Después de mucho negociar y fracasar estrepitosamente
me veo vestida de gladiador (gorro incluido) volviendo al encuentro de mi gran
familia que, vete tú a saber por qué, no encuentro.
“Vigila
la paella que ahora vengo” Me dice mi hermana y
desaparece.
Ahí estaba yo, vestida de gladiador, paleta en mano
vigilando la paella, mientras miraba los banderines que habían colgado del
sombraje. Del interior de la casa provenían risas mal disimuladas, gente
mandando callar, más risas, comentarios jocosos y….
¿Eso
que suena es Raffaela Carrá?
Y sí, efectivamente con los primeros compases de la
música empieza a desfilar ante mí la familia, veinte personas de entre tres y
ochenta años vestidos, desde las sandalias a la corona de laurel, dignamente
para la ocasión.
Se habían disfrazado todos de romanos.
Después de muchas risas y nunca suficientes fotos me
entregaron mi regalo, un kit Erasmus en toda regla, con todo lo necesario para
sobrevivir a mi estancia. La botella de vino no duró ni veinte minutos.
En realidad la culpa de todo esto es mía, por
inaugurar la tradición y celebrarle una fiesta sorpresa a la primera prima que
se fue de Erasmus. Igual fue culpa mía que convencí a todos de vestirla de
sevillana y hacerla bailar a ritmo de Manolo Escobar. Igual me guarda algo de
rencor y por eso ha sido ella quien ha llevado la batuta de todo esto y me lo
lleva ocultando más de un mes.
Esas reflexiones circulaban por mi cabeza mientras
me veía arrastrada por media familia camino a la piscina. Dejé de pensar en
ello pocos segundos después, que caer a la piscina completamente vestida y
llevando encima un disfraz de gladiador (gorrito incluido), no me dejó espacio
en la cabeza más que para tratar de salir a flote.
Cómo les voy a echar de menos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Gracias por tu comentario!