miércoles, 8 de mayo de 2013

La primavera

A todos nos gusta la primavera (salvo a los alérgicos), al menos eso era lo que pensaba antes de preguntar a varios especímenes de mi entorno y descubrir que no solo no es así, sino que estoy completamente equivocada. Sobra decir que a mí me gusta la primavera, me parece guay, chachi, molona.
 La primavera es sol, la primavera es azul, verde y amarillo, salpicados de colores brillantes. Primavera es el deshielo, primavera es dejar el abrigo en casa y sacar la manga corta, primavera es salir a dar un paseo, primavera es el Retiro y el primer helado en un soleado fin de semana. Primavera es que anochezca tarde y amanezca… ¿a quién le interesa la hora a la que amanece? La primavera es música de The Beatles mientras recorres la ciudad en moto, como una banda sonora de cine, primavera es fumarse una clase y pasar la tarde zangada al sol rodeada de botellines y gente haciendo chistes históricos. La primavera mola tanto que es Heidi. Sí, Heidi.
La primavera es el hielo bajando de las montañas, la primavera es la primera flor del año, la prímula, la primavera es la vuelta de las cabras a las montañas y Penélope Heidi gritando: “¡PEEEEEEEDROOOOO!"
Me gusta la primavera, la primavera mola tanto como Heidi.  En primavera pequeña V. se ha comido su primera tortilla y hace tan buen tiempo que podemos pasar la mañana jugando en el parque, aunque cuando me doy la vuelta para estornudar, mirar al cielo, o incluso pestañear, pequeña V. tiene a su alrededor un corro de gente aplaudiéndole mientras baila y canta ‘tutuá, tutuá’.
La primavera es tan genial como todo eso y más, como la imagen que ilustra la entrada y que no es la primavera pero lo parece y que, casualmente, me alegra la vida al verla cada día en mi salón.