Mi padre hace, es y tiene muchas cosas, no todas buenas, pero tampoco todas malas. Squirrel, este texto es para ti, para la Squirrel del futuro, para que cuando lo leas recuerdes lo que te motivó a escribirlo y te acuerdes de esos motivos por los que tienes que quererle, que a veces se te olvidan.
Él, mi padre, tu padre, se llama Á, aunque él siempre lo escribe sin tilde y tiene un apellido que no voy a poner aquí, pero es algo del clero y tú también lo llevas como apellido.
Él es alto (como tú), calvo salvo por algunos pelos en la parte de atrás de la cabeza que le harían parecer un monje si no fuera porque se parece a todo menos a un monje (gracias al cielo ya no tiene pelo en el flequillo), tienes los ojos marrón oscuro, la nariz grande (como tú) al igual que las orejas (como tú). Tu padre es un tío grande, tiene una gran barriga que por mucho que tú y tu hermana os empeñéis nunca conseguiréis que pierda, tiene las manos grandes (como vosotras) y también los pies (como vosotras).
Él es siempre el alma de la fiesta, sonríe mucho y siempre está contando chistes o gastando bromas, haciéndote ataques de cosquillas por sorpresa y cantando donde quiera que vaya. Cuando está contento nadie puede pararle, aunque hace un tiempo que ya casi nunca está contento. También tiene sus cosas malas, se enfada mucho, por cualquier cosa, y tiene un genio malísimo (recuerda la única vez en tu vida que te ha pegado, lloraste durante horas y aún debes tener la marca en el trasero del azote que te dio). Es muy entusiasta y se deja guiar mucho por las modas, sobre todo por lo que tengan, hagan o les guste a sus hermanos (a los que adora sin condiciones).
Siempre llega pronto a los sitios, (al contrario que tú) aunque el resto lleve cuarenta años llegando tarde. Es tan bueno que muchas veces parece tonto (mira, como tú) y lo da todo por la gente a la que quiere, aunque no paren de decepcionarle una y otra vez. Le gusta cantar (como a ti) y arrancarse a bailar en las celebraciones familiares, aunque sepa de sobra que lo hace de pena (sí, también como tú).
Le gusta el bricolaje, el fútbol, los deportes de motor y todo tipo de deporte salvo el golf y esas tonterías de ricos (también compartís ese gusto en concreto). Se ha pasado años yendo a buscarte a cada entrenamiento de fútbol y viendo cada partido, aguantando todas las derrotas y dándote un abrazo al terminar, frecuentemente acompañado de un lo has hecho genial, qué pena que el resto sean unos paquetes, aunque el paquete eras tú. Le gustan muchas cosas que tú no entiendes, como la agricultura, las máquinas o su trabajo. Su trabajo, él es un hombre enamorado de su trabajo, aunque sufre, no descansa y le está desgastando poco a poco. Pero él es feliz porque se recorre el país con su camión y puede ver paisajes que ni siquiera llegas a imaginar.
Últimamente él ya no disfruta tanto de los grandes placeres, ni tampoco de los pequeños, ya no empieza ataques de cosquillas ni sonríe demasiado, porque está pasando por el segundo peor periodo de su vida y no tiene ganas de ser feliz. Por todas estas razones y por muchas más recuerda, Sorita del futuro, que eres igual que él y él es igual que una persona que ya no está, tan igual que muchas veces le miras y tienes ganas de llorar. Recuerda que te quiere y se sacrifica por ti más de lo que puedas imaginar. Recuerda que tienes que valorar a un padre porque de una semana a otra puedes perderlo y entonces ya será demasiado tarde para arreglarlo.